EL BARRIO

Al Sacromonte se suele subir por el paseo de los Tristes y la cuesta del Chapiz que, a su derecha, deja un edificio que la suerte del destino ha ubicado en territorio ajeno. Es el palacio de los Córdova que viajó en otros tiempos desde su original ubicación en el centro de la ciudad y que ahora es Archivo Municipal.
Las casas del Chapiz, de las que la cuesta recibe el nombre, sí que son naturales de la zona y como páginas de la historia de la ciudad, transitan sin pudor entre sus patios, los gustos arquitectónicos de muchos siglos. Columnas dóricas, arcos de herradura, ojivas apuntadas, albercas rectangulares que se abren hacia la Alhambra con adornos de yeserías y mocárabes. Todo junto en una yuxtaposición perfecta que debía haber sido un modelo para la vida en la Granada del siglo XVI y que no lo fue salvo en sus piedras.
A partir de este punto del camino, ya no hay monumentos, ni viejas casa nobles, ni piedras con historia a no ser las de las cruces que marcan el vía crucis del Gólgota cristiano, del viejo camino que atraviesa el monte sagrado hasta la abadía que nació con la leyenda de los mártires Cecilio, Hiscio y Tesifón en el siglo XVII. Protagonistas involuntarios de una historia barroca que terminó por hacer a san Cecilio santo patrono de Granada y colocar su colegiata y su sepulcro en un monte que siempre fue sagrado y misterioso.