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Frente a una opinión generalizada, el urbanismo del barroco no suele imponer sus valores desde la arquitectura. Más bien intenta seducir al espectador con todo tipo de artilugios escenográficos y teatrales. Incluida la sorpresa que provoca la aparición repentina de un edificio de tal magnificencia como la portada de la catedral de Alonso Cano. La idea es que el acceso a través de estrechas callejuelas nos deje entrever algunas pistas pero sin adivinar el conjunto hasta que, prácticamente, lo tenemos encima. La impresión que generan sus medidas elimina cualquier posibilidad de respuesta. |