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En el interior, la claridad espacial de las naves, en las que el coro no inturrumpe el recorrido visual, nos conduce directamente al altar mayor donde conviene detenerse para desentrañar el auténtico significado de este templo. Lo primero que llama la atención al rodearlo son las arcadas que comunican el interior y el exterior de la capilla y que al prolongarse forman bóvedas abocinadas que someten las formas clásicas a un refinamiento muy singular. La razón del artilugio no es otra que la de permitir un acceso directo, al menos visual, para el público que asiste a la liturgia desde cualquier punto del deambulatorio. |