MURALLAS  - TORRES

Las murallas, que nunca se defendieron porque nunca fueron atacadas, más que proteger, separan el espacio que habita la nobleza y, sobre todo, la imagen de ese espacio que se identifica con el paraíso y que es además símbolo de un poder que sólo los bendecidos por la divinidad ejercen.
Dentro de la alcazaba, lo más interesante sin duda son las murallas y torres que forman un enrevesado laberinto que comunica entre sí todo el conjunto. Muy valiosos son también, algunos restos que han permitido reconstruir la planta de las viviendas que formaban las habitaciones de la guardia de palacio.


Jalonando las murallas y con diversas funciones, sean defensivas o albergando dependencias palaciegas, terminan de dibujar el cielo sobre la colina, las múltiples torres de la Alhambra. Las hay cúbicas y cilíndricas, esbeltas y pesadas. Algunas rememoran un lejano y melancólico dolor de lo perdido, como la de la Vela que domina con su altura toda la ciudad y la vega. Bastión defensivo y simbólico de un poder que los cristianos se apresuraron a hacer suyo, el dos de enero de 1492, colocando una campana improvisada que anunciaba grandes cambios. El primero, sustituir la voz del muecín en los minaretes por el sonido metálico del bronce. Otras encierran y esconden delicias orientales como la del Peinador, y todas reconstruyen el aire de acrópolis lejana que, desde el Albaicín y cuando la bruma sube la ladera de la colina, juega a engañarnos con la imagen de fortaleza del extremo oriente.