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SAN MIGUEL BAJO |
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| glesia de San Miguel, placeta de San Miguel Bajo horario de culto. En la Plaza de San Miguel Bajo hay un Cristo, siempre adornado de flores y rodeado por unos faroles que parecen querer despenumbrar sus formas gastadas por los años, cubiertas de herrumbre y musgo pardo. La iglesia de San Miguel, con su aljibe, preside el espacio; desde el altillo de la entrada frontal del templo, en la placita de Cauchiles, podemos jugar a alcanzar la Alhambra, esquivando copas de cipreses y campanarios. Tras la iglesia está el impresionante convento de Santa Isabel la Real, al que se accede por un portón en la calle Santa Isabel y, muy cerca, DaralHorra, el antiguo palacio de la sultana, que se encarama sobre el lienzo de muralla que desde el Arco de las Pesas conduce a la poderosa Puerta de Monaita, una de las entradas principales a la ciudad medieval. El color está en la vida que se agita dentro de la plaza. Las terrazas de los bares, en día soleado, presentan un ambiente variopinto que nos invita a disfrutar desde allí del peculiar ritmo del barrio, vibrante y apasionado. Entre las callejas (Oidores, Cauchiles, Cascajal, Gallo...), las campanas de las iglesias y conventos, con sus tañidos lejanos, vuelven para adueñarse de los espacios y enseñorear con su música atonal y pretérita. A pocos metros, en la noche, desde el mirador de la Lona, huelen los jazmines de los cármenes sobre las raras luminosidades que titilean en la ciudad, allá abajo: un firmamento perdido que podemos rozar con las yemas de nuestros dedos. |
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