MIRADOR DE LA LONA

Las formas de acercarse al barrio dependen siempre de lo que se busque. Lo habitual es buscar sus miradores desde los que la ciudad baja y su entorno se ofrecen como capítulos separados de la historia. Desde San Nicolás o la placeta de Carvajales, la Alhambra y su alcazaba, espléndidas en la cercanía y en el privilegio de la perspectiva. Desde la Lona, en el carril del mismo nombre, junto a la plaza de San Miguel bajo, la ciudad cristiana va señalando con sus cúpulas y torres los hitos de la ocupación castellana y los usos posteriores de la ciudad. Desde San Cristóbal, la visión se amplía con la vega, Sierra Nevada y la muralla que el palacete de Dar–al–Horra interrumpe. Y desde la Cruz de Rauda, otra Alhambra y todo el Albaicín a nuestros pies.