| ARQUITECTURA DOMÉSTICA MORISCA | |
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No se puede hablar de piedras, de edificios en el Albaicín, si no se conocen las auténticas joyas que reflejan la forma de vivir de una ciudad que es irrepetible, nos referimos a la arquitectura doméstica del barrio, a sus casas que también son variadas y distintas. Las hay con patios columnados que rematan capiteles nazaritas y las hay con simples machones de ladrillo. Suelos empedrados en los jardines o tierra roja que se despierta en fuentes escondidas entre arrayanes y granados. Higueras y jazmines junto a la parra, siempre la parra cargada de fruto que rondan en verano las avispas. Y sobre todo, los cipreses góticos que dan sostén a las terrazas y clavan la colina al fondo de la tierra. Las casas del Albaicín engañan como lo hacen las fachadas romanas; al exterior, humildes muros blancos pintados de vejez y olvido. El interior, el más sofisticado de los espacios habitados. Casas con nombres propios, el carmen del Agua, el de los Cipreses, la casa
Yanguas..., entrevistas o imaginadas tras las cancelas cerradas, porque en el Albaicín la intimidad es un valor sagrado. También hay otras que son más palaciegas y anuncian en sus fachadas el linaje de sus habitantes; como la casa de los Pisas o la del Almirante de Aragón. Algunas son oficialmente importantes como la de los Mascarones en la calle Pagés o la de la DaralHorra. |
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