EL BARRIO

Desde el cerro que sube a San Miguel alto o desde la Cruz de Piedra, el Albaicín se interioriza. Pierde su vocación de balcón mirador de Granada para volverse hacia sí mismo y reencontrarse con su propio pasado. Granada y, sobre todo, la vega de donde en otros tiempos vino la riqueza de sus huertas y el dolor de la conquista, dejan de verse y de existir. Ya sólo el barrio importa. El laberinto de sus calles empedradas y el verde muro de sus cipreses alejan aún más el barrio en un intento de pasar desapercibido por la historia, de camuflarse ante lo que desde fuera pueda venir, que no es ni bueno ni malo, sólo extraño.